La conversión Infantil, ¿Una Realidad? Parte 2

Anteriormente les compartí la Primera Parte de un Sermón de Andrew Bonar sobre la conversión infantil, aquí está la Segunda Parte:
Conversion infantil 2En la raíz de esta subestimación de la conversión temprana, hay un error más serio todavía. En realidad, mucha gente piadosa mira la conversión de los niños como algo de lo cual dudar. Difícilmente crean que la conversión de los niños sea tan profunda y genuina como la de los adultos. Ellos admiten que toda conversión es por igual la obra del Espíritu Santo, y que Él convierte tanto niños como adultos según le place. Sin embargo, con todo y esto, ignoran habitualmente la aparente conversión de los niños; tienen la teoría de que los niños imitan a los adultos, y que estas apariencias deben de ser catalogadas solamente como una imitación. Para tratar con estas personas decimos lo siguiente:

(a) Si la palabra de Dios es nuestra regla, de seguro que deben de haber casos de verdadera conversión entre los niños; ciertamente, el Salmo 8:2 está escrito para todas las edades, y nuestro Señor ha comentado acerca del mismo en Mateo 21:16: “¿Nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” Si tanto adultos como niños son llamados por igual a alabar al Señor (Sal. 148:12), esto seguramente implica que ambos son capaces de recibir la gracia salvadora. De hecho, el suponer por un momento que este asunto fuera de otro modo, sería afirmar que el evangelio no es adecuado para el alma de los jóvenes.
(b) El evangelio es peculiarmente adecuado [divinamente apropiado, podemos decir] para ser utilizado en la conversión de los niños. El mismo Espíritu Santo en todos los casos usa el evangelio para salvar las almas; pero, al aplicarlo a los niños, Él ilustra muy notoriamente dos de sus características: su completa libertad (porque, ¿qué puede un niño darle a Dios?) y su asombrosa sencillez, la cual es muy humillante para el orgullo del hombre de justicia personal. “Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños” (Lucas 10:21, y al Jesús decir esto “se regocijó en el Espíritu”). “El que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Lucas 18:17). Los niños o bebés a quienes Cristo bendijo no hicieron nada sino sólo esto: ¡dejaron que Él los levantara en sus brazos sin ofrecer resistencia, y recibieron lo que les dio sin devolver recompensa alguna!
(c) El atrayente amor de la cruz de Cristo (mirando el asunto por un momento desde el punto de vista del hombre) apela, por cierto, tan presta y adecuadamente a los corazones de los niños como a los de los adultos. ¿No es de un corazón joven que nosotros deberíamos esperar que tal bondad y amor encontraran entrada, aún si las almas adultas no fuesen conmovidas por los mismos?
(d) La doctrina de la sustitución de Cristo por los pecadores, “el justo por los injustos”, “el pastor por las ovejas”, es el corazón y la verdadera esencia del evangelio. ¿No es ésta la gran verdad, entre todas, que encuentra acogida en el entendimiento de cualquier niño? Ahora no estamos hablando del corazón o de la conciencia, sino del entendimiento. Aún a un niño se le puede hacer comprender el significado de sustitución—el UNO por los muchos. Por lo tanto, ésta es la gran verdad que siempre debemos de poner hasta en el alma más joven. Les decimos: “Ustedes son pecadores expuestos a la ira y maldición de Dios, y no pueden salvarse a sí mismos; pero el Hijo de Dios puede salvarles, cargando Él mismo esa ira y maldición.” De esta forma el Espíritu produce fe en el alma de un niño; y, una vez recibida, ¿no es esta verdad la que trae los mismos efectos sobre los jóvenes que sobre los adultos? ¿No es el texto de Juan 1:12 tan cierto en el caso de un niño como en el de un adulto inteligente: “A todos los que le recibieron, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios”?

Fuente: http://www.iglesiareformada.com/Bonar_Conversion_Ninos.html

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